La consultora de IA que rehízo su web para sus servicios y su producto
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La consultora de IA que rehízo su web para sus servicios y su producto

BearingBridge AI sigue asesorando y ahora entrega además un producto que acorta el camino hacia la IA. La nueva web tenía que sostener cinco áreas, 12 funciones de empresa y dos idiomas, y abrirse desde Shanghái tan rápido como desde Fráncfort.

Un discurso que se le había quedado grande a la web anterior

BearingBridge AI asesora a grandes organizaciones en inteligencia artificial, y su discurso se ha endurecido. La inteligencia entra primero en los datos del cliente y el producto se levanta después a su alrededor. Pruebas antes que ruido, como dice el pie de página.

La frase cabe en una línea. La maquetación, mucho menos. La firma trabaja sobre cinco áreas: consultoría, datos, IA, tecnología y formación. Explica qué cambia la IA en 12 puestos distintos, desde el consejero delegado hasta compras y recursos humanos. Pone frente a frente los modelos occidentales, GPT y Claude, y los chinos, Qwen y DeepSeek. Y sabe decirle a un cliente que un proyecto no merece la pena. Todo ello, además, en inglés y en francés.

Queda la geografía. Los equipos trabajan en Hong Kong y en Shanghái, los compradores leen desde Europa, y la red que une ambos extremos atraviesa el Gran Cortafuegos. Una web que se atasca en un lado pierde la sala antes de la primera reunión.

Y queda un último punto, el que casi todas las consultoras se saltan. Vender criterio sobre la IA y que ningún asistente sepa nombrarte deja en mal lugar.

ClienteBearingBridge AI
SectorConsultoría de IA para empresas
IdiomasInglés, francés
RegionesHong Kong, Shanghái, el resto de Asia, Europa
PlataformaWeb corporativa con demostrador de producto y biblioteca de análisis
Servicios claveImplementación del diseño, Alojamiento en China, GEO, Integración

El planteamiento: 12 funciones, dos idiomas, una página rápida

Diseñamos una web oscura y técnica, más cerca de un terminal que de un folleto, porque estos compradores se pasan el día leyendo cuadros de mando. Tipografía grande, líneas de rejilla marcadas y las cifras llevando la voz cantante.

La arquitectura sigue el recorrido real de esos compradores. Cinco páginas de área para los servicios. Doce páginas de función, que arrancan de los datos que un responsable de marketing o un director financiero ya tiene encima de la mesa y muestran después la inteligencia que se apoya en ellos. Una sección de método recorre un proyecto en orden, rumbo a rumbo. Y un demostrador preside la parte alta de la página: el cliente potencial ve la herramienta funcionando antes de que nadie le proponga una llamada.

Los dos ecosistemas de modelos tienen su sección, nombres occidentales y nombres chinos en la misma tabla. La afirmación solo se sostiene si la página abre a ambos lados, así que la alojamos para aguantar el cruce y luego le quitamos las dependencias extranjeras que se atascan en China.

El inglés y el francés funcionan con un hreflang en regla: cada lector aterriza en su idioma y los buscadores indexan las dos versiones sin confundirlas.

Después llegó el GEO. Afirmaciones dichas sin rodeos, pasajes que responden por sí solos a una pregunta, marcado limpio que la máquina sabe leer y una biblioteca de análisis escrita para que la citen, no para que la hojeen. Incluso las cifras llevan su fuente en la propia página: ese 80 % de proyectos de IA que fracasan se atribuye a RAND justo donde se usa el dato, y ese es justo el pasaje que un asistente se lleva.

El resultado: rápida en ambos lados y citable por las máquinas

BearingBridge AI tiene ahora una sola web, rápida en Asia y en Europa, que sostiene la consultoría y el producto al mismo nivel y que levantamos de arriba abajo para asomar en la búsqueda con IA en vez de quedar sepultada en ella.

La consultora se juega la credibilidad en su lectura de los dos ecosistemas de IA y de los dos extremos del mapa. Una web que rinde en ambos, y a la que citan las propias herramientas sobre las que asesora, dice más que cualquier folleto.

«Les decimos a nuestros clientes que diseñen para la forma en que la IA lee el mundo. Lo primero era aplicárnoslo a nosotros mismos. Hoy, cuando le preguntas a un asistente por una adopción seria de la IA, estamos en la respuesta.»

Adrian P., socio, BearingBridge AI

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